jueves, 1 de diciembre de 2011

“Sobre mi corazón no manda nadie más que mi conciencia”


 
Con mucha viveza en sus ojos y orgullo Iliana Medel Rodríguez dice que “nací en  La Oyá,  una barriada  de Bayamo, Cuba; mi papá era el sostén de la casa y mi mamá que apenas había ido a la escuela, tenía que velar por mí  y mis hermanas, Marisela(fallecida) y Casandra, así que nuestra situación era  muy poco holgada”.

Así de esta manera vivían  muchas familias en Cuba antes del primero de enero  1959, fecha en que triunfa la Revolución, gracias a esto “pude estudiar y  recibirme como Ingeniera Pecuaria, expresa Medel Rodríguez,  trabaja en la Empresa Avícola de Granma, y funge como especialista de Control de la calidad.
“Nunca pensé que podría separarme de mi familia por mucho tiempo, no niego que lo medité con profundidad, continúa Iliana, cuando me seleccionaron para  cumplir misión en la República de Venezuela.

“Allá tuve momentos tristes,  de añoranza a mi familia, de  nostalgia por  mi hijo pequeño, pero `sobre mi corazón no manda
nadie  más que  mi conciencia`, como expresara en una ocasión el libertador Simón Bolívar.
Ser solidario es una característica heredada de nuestros ancestros, como Manuel Cedeño, el Soldado de América, que estuvo en muchas batallas junto a  Simón Bolívar.
“Trabajé, expresa Medel Rodríguez,  junto a tres colaboradores cubanos y un ingeniero Venezolano, en el Estado de  Lara, municipio Barquisimeto, durante dos años como asesora integral para la crianza apropiada y el desarrollo pecuario.
“Este equipo formó parte del proyecto  Capacitación en Innovación  para apoyar la Revolución Agraria (CIARA) con el objetivo de  que los productores fueran capaces de aplicar lo aprendido en sus hectáreas de tierra.
“Durante mi estancia en ese país intercambié con productores pobres, sin apenas preparación, por lo que casi no podían abastecer a su familia. Conocí cómo vivían muchos pobladores, guardo gratos recuerdos.
Cuando visitaba por vez primera a los campesinos, y  sus niños  la veían acercarse a los caseríos  “salían corriendo, porque temían al desconocido, eran comunidades indígenas, y, con el tiempo esos mismos niños llegaron a recibirme  como si fuera el mío,  mi corazón se sentía inmenso,  ahora  mi familia es más grande.´
“Gracias al convenio Cuba-Venezuela, al apoyo de la Alcaldía y la Gobernación del Estado de Lara,  y al liderazgo del Presidente Chávez, se les facilitaba financiamiento sin devolución para la sustentabilidad de cada familia, consistente en recursos referente a la salud,  educación, deporte y recreación.”
“El  proyecto  abarcaba a  120 familias  para demostrarles que podían autoabastecerse con su trabajo y sostener a la granja; y luego ofertar en el mercado productos a un precio solidario, ayudando, de esta forma, a la comunidad y parroquia a la que pertenecían.
 “Se formaron  300 patios familiares donde se sembraron distintos tipos de rubros agrícolas y pecuarios, galpones para la  crianza de diferentes especies de animales y la intervención del  proyecto CIARA acción que los productores agradecieron.
“Asimismo, se trabajó en los liceos bolivarianos con estudiantes  en las construcciones de huertos escolares y la crianza de animales y a su vez  ellos transmitían el conocimiento a su familia.
“Realicé  talleres sobre   los métodos alternativos en la fabricación de alimentos para los animales por este concepto ahorraban, ya que no tenían que comprar los derivados para su elaboración, que luego los productores llevaban a la práctica y les  reportaba excelentes resultados tanto en la reproducción como en la ceba del animal.
Esta bayamesa alcanzó la condición del 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución por su disciplina y aporte a la formación del hombre nuevo en Venezuela.
Esto demuestra que cuando hay voluntad de cooperación  entre los pueblos, el más simple de sus  miembros es capaz de contribuir al bienestar y la felicidad de otros seres humanos.

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